Aprende a escribir escribiendo
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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Febrero:

Comedia, dice y clase.

 

 

Dice que no tengo clase, que mis expresiones faciales no están pulidas y que debo practicar más el apoyo diafragmático. Cuando empecé a salir con Javier, el hecho de que fuera actor de teatro me parecía atractivo. Ahora ya no lo tengo tan claro. Mi vida ha pasado de ser una comedia romántica a un tostón de sobremesa de fin de semana, ya no hay tensión dramática. Es hora de recoger la utilería y hacer mutis. ¡Que caiga el telón!
Por Adella Brac.

 

En un recodo del bosque Poly’sh –un elfo– y Est’ieë –una hada– proclaman sus cuitas.
―En la comedia de la vida hallamos el llanto; en la tragedia del vivir, la alegría. ¡Ser o amar, he ahí la cuestión, oh, Est’ieë! –dice Poly’sh con hondo sentir.
―¡No desesperes, mi amada, que la aurora vengará nuestra afrenta! ―le responde Est’ieë.
Y, muriendo, cae el telón; y, con un atronador aplauso, toda la clase de 2ºB del colegio feérico les felicita su magnífica interpretación teatral.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

¿Saben aquél que dice? Si claro, es Eugenio. Una clase de humorista que se añora, los contadores de chistes. Yo ya estoy un poco harto de los monologuistas. Si eso es comedia, prefiero oír canto gregoriano cinco horas seguidas, con Mario o sin él. Los que contaban chistes por la tele me hacían reír, los que cuentan monólogos me hacen zapear. Y para que esto no sea un monólogo, no sé si saben cuál es el pariente favorito de los futbolistas… la prima.
Por Lorenzo.

 

Voy con Rufo, mi perro guía, camino en línea recta por el pavimento cuando me muero y no puedo olfatear a mi lazarillo; la desorientación va en aumento, entonces alguien me dice que ya dejé de ser ciego para convertirme en esencia etérica y aquí todo es posible.
La clase de sorpresa es mayúscula al observar a unos ángeles níveos, que danzan sobre un escenario rutilante y en ocasiones vuelan por encima de los espectadores, siguiendo el guion de una desconcertante comedia.
Por Estrella Amaranto, de Blog literario Amaranto.

 

Su vida era una comedia sin gracia, donde apenas pasaba de ser un figurante o apenas un secundario anodino. Quiso darle una vuelta de ciento ochenta grados al asunto, pero se pasó de rosca y convirtió su vida en una clase de drama interior en el que solo él era consciente de sus propios problemas.
Ahora dice no sé qué de ciencia ficción, agujeros negros y vecinos galácticos. Lo cierto es que siempre tuvo una mente demasiado fantasiosa y una vida abocada a la tragedia.
Por Igor Rodtem, del blog Lo innombrable y yo.

 

Se acaba como una triste comedia, apenas llegó al mundo todo fue rodar. Se dice aquello que en un tiempo le ahogaba por dentro. No bien comenzó su aprendizaje supo que estaba en la clase equivocada. Nadie le explicó el cariño generoso o el rubor de la luna. Esas cosas que parecen no importar. Cuando el sol se vuelve a poner y las canas mal visten sus sienes, anhela un sueño hondo que no precise interpretación, un sueño, al borde del horizonte, sin mentiras ni doblez.
Por Ángel.

 

Recuerdo la primera vez que entré en aquella clase… como profesor. Todo el mundo dice, o al menos piensa, que quien enseña está en la posición fácil: es el alumno, el receptor de los contenidos, quien debe esforzarse por aprender. Sin embargo, es realmente complejo transmitir conocimientos adecuadamente. Recuerdo aquella primera sesión: habría dado para un monólogo en el Club de la Comedia. Por suerte, como todo en la vida, el hábito va haciendo al monje…
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

Su compañera de clase le dice que está loca y que no debería arriesgarse así, pero está decidida. En el último mail que ha recibido, él le propone quedar. Ella le ha respondido que pueden citarse en el cine y ver juntos una comedia. ¿Por qué no intentarlo de nuevo? Las dos últimas veces funcionó. Las carcajadas del público camuflan los gritos de sus víctimas y la oscuridad de la sala oculta el aguijón de la cola cada vez que ataca la mujer escorpión.
Por Aurora, del blog La historia está en tu mente.

 

«Él es su persona especial, su todo. Le mira y se pierde en sus ojos grises. La mira y siente que todo su ser tiembla. Se dice que es demasiado serio, pero solo es una tapadera. Con él ha aprendido que la vida es una comedia…»
Al menos eso dice el guión. ¿Qué clase de persona lo había escrito?
Por Do.lobera, del blog Do.Lobera.

 

Dice el inspector que mi clase es una comedia. Le chocó que en los altavoces sonara reguetón. Le asombró que dejara a los alumnos utilizar el móvil. Le dejó pasmado que no hubieran oído hablar de Covadonga o de Las Navas de Tolosa, que no supieran quiénes eran Jaime I y Fernando III. Sólo hubo algo que no le sorprendió: que los alumnos me consideraran el mejor profesor que habían tenido jamás.
Por Plácido Romero, del blog Placidario.

 

La clase era casi siempre la misma, como una comedia burda y repetida donde los estudiantes resucitan a viejos personajes que poco tienen que ver con ellos en estos días. Pongan atención dice el profesor desde una mesa tan vieja como él. En seguida todos se callan y el reloj empieza a correr.
Por Katalina Camus, del blog Ambiente virtual.

 

―La vida es una comedia. Mira las pelis de Woody Allen― dice.
Salimos de la clase, yo siempre detrás de él. Tan guapo, tan listo, tan todo… y tan ciego. Salimos juntos, pero seguimos por caminos diferentes, él hacía su coche, yo hacía la parada del bus que me llevará a mi mundo marginal. «Para algunos la vida es un drama, gilipollas» pienso y me apresuro, no puedo perder el bus, en casa me están esperando mis hermanos, mi madre encastrada en la cama y con suerte mi padre sobrio.
Por Natalia Koer, del blog Natalia Koer.

 

Está frente a mí, despidiéndose, triste aunque obstinada: es de esa clase de personas tozudas como mulas.
―Te he amado mucho ―me dice―, pero me voy. Ya no puedo seguir a tu lado. No me das lo que necesito. Contigo me siento muerta. Y es algo horrible. Un vacío gélido que me devora.
Me entran ganas de llorar y reír a la vez; el diálogo es tan dramático que casi parece de una comedia.
―¿Lo entiendes? ―añade―. Aquí soy poco más que un recuerdo. Allí… quién sabe.
Y… se desvanece.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Mi amigo Agustín fue apodado «el tonto de la clase» por Don Gerardo, porque se pasaba las horas haciendo reír pero estudiando muy poco. Mi madre siempre dice que la percepción que tiene un profesor de ti te forja como adulto. Lo decía para que me comportase, pero igual tenía razón, e igual por eso Agustín se dedica ahora a la comedia. Cualquiera con un poco de visión hubiera sido capaz de ver su talento. Y a su cruel manera, Don Gerardo lo vio.
Por Amanda Vilas, del blog Escondida entre nubes.

 

Galerías de tiro en clase de mates, con la profesora ausente por castigar a un alumno, grandilocuentes estudiantes que destrozan el mobiliario y exculpando culpas al más irritante, siempre ha habido gente con clase y clase de gente puesto que uno dice y donde dije digo digo Diego, la conclusión es incierta puesto que la comedia resulta tragedia y dado que mi apariencia no es del todo correcta, todos castigados dijo la maestra y a calentar asiento hasta las siete.
Por Carlos González.

 

Era esa clase de persona siempre alegre, como protagonista de comedia; pero su vida era una lucha constante: madrugar, acopiar leños, asear chiqueros, alimentar animales, recoger huevos, desmalezar, cocinar, restregar ropas, remendar… No pudo esperarlo, el dolor era insoportable. A punto de dormir escucha lo que dice:
─¿¡Cómo!? ¿¡Qué se ha creído!? ¡Traigo un hambre de los mil demonios! ¡¿Quién me servirá?!
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Dice la gente, que la vida puede ser una comedia. A veces nos sorprende dramática y dolorosa, otras nos hace matar de risa, y otras nos embriaga de diversos amores. Lo más importante es que, en su gran escenario, todos podamos actuar, más allá de los aplausos. Viviendo a cada paso que demos lo que ella nos vaya dando, alegrías y llantos, luces y sombras. Eso sí, tratando de ser esa clase de personas que de todo aprende y en todo se da.
Por Diana Rosa Conti.

 

«¿Pero que comedia es esta?» Esa fue la entrada del viejo profesor. Aquel amargado hombrecillo ya no levantaba apenas la cabeza de su libro, pero hoy su incipiente joroba incluso se enderezó un poco. Sus pequeños ojos de miope se agrandaron detrás de sus gafas de 1983. Como portavoz del ciclo «Búsqueda de empleo para mayores de 40» comuniqué la decisión, dice la clase que se niega a vestirse hasta que nos paguen la beca de transporte.
Por Uxía Vázquez, del blog Mundos de Uxía.

 

Luis era de una clase especial. Se tomaba la vida como una comedia. Aquel martes y trece se levantó con el pie izquierdo, resbaló y golpeó un espejo, rompiéndolo. Aturdido, leyó en el móvil un mensaje de su novia: «Te dejo». Luego, recibió una llamada de su jefe. Le comunicaba su despido. Al anochecer, vio un gato negro en medio de las vías del tren. Sin pensarlo, se lanzó a rescatarlo, pero, por una vez, el expreso de las nueve pasó puntual. Y en su epitafio dice: «Pudo ser peor».
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Thalios se encontraba en las mazmorras de palacio. Por segunda vez en su vida estaba allí. La primera fue por faltar a su entrenamiento; la segunda por traición a la corona. «Mi vida no es más que una comedia», pensó recordando su pasado. «Ella dice que no soy de su clase, ¿acaso importa? Lo único que quiero es estar a su lado para siempre». Levantó la vista al oír unos pasos y la vio frente a él con esos ojos verdes que le hacían perder la razón.
Por Sandra Adrián.

 

Esta clase nos abraza al ver la luz y dura hasta la hoz. Mudan los maestros, cambian las preguntas. Ella dice demasiado, ellos dicen que es una comedia con media tragedia o la mitad de con y los mármoles en la otra. Cada dicho no sirve para el examen, los zapatos son distintos y media un mundo entre tú y yo, entre ellos y nosotros. Cuando llegue la dama que ignora las clases, de qué clase nos encontrará en el sublime abrazo
Por David Coloma García, de Blog de poesía y relatos.

 

Después de la clase te acercas al tablón donde aparecen los cursillos, clases optativas y charlas. Ves una conferencia cuyo título dice: cómo hacer de tu vida una comedia. Lo lees varias veces pensativo, intentando averiguar cuáles serán los contenidos y la metodología. Tu perfil analítico hace que te resulte imposible. Al final optas por valorar los puntos para el currículum y decides apuntarte. Quién podía imaginarse que esa simple decisión cambiaría tu vida para siempre.
Por Nahnnuk.

 

Parece que lo dice dentro de un salón de clase, será por eso que solo escucho fragmentos: …Imitación de personas de baja estofa… la máscara cómica es algo feo y deforme, pero sin dolor…
Entonces mi mente reconoce las palabras de Aristóteles y comprende por qué aquellas personas ríen. Disfrutan como una comedia lo que para mí es una escena terrible.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Para los más listos de la clase siempre hay un hueco; un lugar donde ilustrar al resto y lucir sus conocimientos. Hay quien dice que ellos son… los elegidos; esas personas que han de guiar el rumbo a sus desvalidos acólitos. Yo siempre les reté en los recreos, sin suerte, sin mucha fe, pero de frente y contra el viento. Hoy, les voy a recitar «La Divina Comedia de Dante»; en cuanto se me crucen por el pasillo de nuestra escuela.
Por Juan Fernández Vicente, del blog Libros con Dos Alas por JFV.

 

Mi abuela siempre dice que la clase no se aprende, que se nace o no con ella. Es algo así como el talento innato para moverse por el mundo y no depende de la cuna. Según ella, yo soy el último exponente de una larga tradición familiar de guardianes del buen porte a pesar de haber nacido en el lado malo del mundo y ahora, me toca representar esa especie de comedia ante los demás, la que hará posible mi objetivo más preciado…
Ser libre.
Por MJ RU1Z, del blog Eleea Books.

 

La sangre mana abundante. El resto de la clase grita al no entender lo que pasa en el improvisado escenario. Pasó de ser comedia a tragedia. El profesor corre a auxiliar mientras les dice que llamen al nueve once. El mango del cuchillo sobresale del pecho de Herminio. ¿Qué sucedió? Se supone que la utilería es de plástico. Apartada en un rincón, Guillermina Rivera no puede esconder una pequeña sonrisa, seguro que ahora quedará claro quién manda en ésta escuela.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Todavía no era consciente de cómo había llegado hasta allí. La situación parecía sacada de una comedia de serie C, emitida cualquier fin de semana. Recordó lo que su familia dice sobre las personas que al igual que él, son diferentes. Esa clase de personas capaces de perderse en sus propios pensamientos y aparecer en una oscura y solitaria calle. Pero ¡dónde coño estaba!
Por Arekkusu.

 

Imagina: Estamos en clase, se abre la puerta y un unicornio aparece. Es una persona disfrazada. No sabes quién es, pero solo hay una persona lo suficientemente loca para presentarse delante del director vestido así. Y no contento con eso. Entra lanzando corazones y purpurina y le besa la calva.
Entonces el director dice:
─Muy bien, si aquí termina la escena de hoy, espéreme en mi despacho, señor García.
Todos se ríen.
¿Te parece una buena escena para una comedia?
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

Cada día, se prepara frente al espejo para representar la misma comedia. Él no es de esa clase de hombres que dice «te quiero» y se ha acostumbrado a su silencio. También es parco en abrazos y caricias, pero lo acepta sin reproches. A ojos de los demás, son la pareja perfecta, aunque cuando se quita el maquillaje de felicidad, sus ojos muestran su tristeza. Sin embargo, hoy poseen una luz y un brillo diferente mientras se aleja de su frialdad tras bajar el telón por última vez.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

Tras el portazo la casa se inundó de silencio. La comedia que representábamos era ya una tragicomedia y debía finalizar antes de que perdiera el final de la palabra. Dice que volverá pronto, pero sé que ella no es de esa clase de mujeres. Ahora los espejos siempre están empañados, las ventanas siguen cerradas y poco a poco todo se va impregnando de un olor ácido a sábanas huérfanas y soledad.
Por Miguel Molina, del blog En 99 palabras.

 

 

Entrada dedicada a mi gente bonita de la Comunidad Cincoliniera: Arekkusu, Nahnnuk, rakottaro, Daniel Rodríguez, Utopía – Ana Calatayud L., Ana Eva Suárez, Rocío Cejudo Soronellas, Nuria Lorente Aroca, nidriel, Javier Llorca, Blanca González y Natalia Koer. Si tú también quieres formar parte de ello, es aquí.

 

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