Aprende a escribir escribiendo
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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE ORO; Anabel Samani, Ángel, Arekkusu, Aurora Rapun, Avalle Rei, Carlos González, Carmen, Clara R. Sierra, Diana Rosa Conti, Estrella Amaranto, Javier Puchades, jm vanjav, Jose Lezcano, José Torma, Julissa E., Katalina Kamus, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, Maite Moreno, MonTse, Nahnnuk, Pilar Alejos Martínez, Rosa Boschetti, Saricarmen y Virtudes Torres.

 

MEDALLA DE PLATA; Amanda Vilas y Juan Fernández Vicente.

 

MEDALLA DE BRONCE; Cyn Romero.

 

¡Enhorabuena a todos!

Si se me ha despistado alguien, decídmelo (sois muchos).

 
 

Enero:

Entrada, ellos y veces.

 

 

Desde que me mudé a este caserón vivo con puertas y ventanas atrancadas, apenas un resquicio entre los tablones que cubren la cristalera desde la que se puede ver el pozo. Es la hora, la anciana susurra sus versos desafinados. Las primeras veces perdí el conocimiento, pero ahora observo atento. La canción es la llave, el pozo es la entrada y ellos la atraviesan cada noche. No dormiré hasta que amanezca y los vea cruzar de regreso.
Por Adella Brac.

 

—Dicen que se llama el Valle Ahogado porque aquí hubo una vez un mar que era la entrada a la casa de Poseidón.
—¿Quiénes dicen eso?
—Ellos, los que nos susurran historias en sueños; Ellas, las que con su canto hacen que naufraguemos.
—¿Y dónde está el mar?
—De tantas veces que se secaron las arenas, desapareció. Y las viejas historias ahora solo son cuentos.
—¿Y las sirenas?
—Siempre habrá una doncella de mar dispuesta a llevarte a la deriva.
Por Señor J.

 

Es un anochecer temprano. En el pueblo, los vecinos se atarean en sus quehaceres. Un hombre vestido de frac negro entra en la peluquería. Aguarda paciente la vez y charla amigable con los vecinos. «Sólo retocar las puntas», le dice al peluquero; al terminar, paga y se marcha. Todos le miran curiosos desde la entrada; pocas veces baja al pueblo. Es el dueño del castillo de la colina. Ninguno de ellos se ha percatado de que el hombre no se reflejó en los espejos del establecimiento.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

La entrada al Infierno quedó sellada desde dentro. Ningún alma condenada podía ya entrar, ni ningún demonio salir. Así lo decidieron ellos. Una delegación celestial de arcángeles se acercó hasta la puerta, y vieron que la antigua inscripción «abandonad toda esperanza, quienes aquí entráis» había sido sustituida por un hermético «cerrado». Al regresar ante su Señor, este indicó que uno de ellos debía rebelarse y convertirse en un nuevo ángel caído… Así había ocurrido otras veces.
Por Igor Rodtem, del blog Lo innombrable y yo.

 

La vieja entrada al Luís Sitjar aún sigue en pie. El resto del estadio es hoy un solar lleno de escombros y malas hierbas. No hace mucho o quizás si, por ese campo pasaron grandes jugadores. Casi todos vestían camiseta roja y pantalón negro. Ellos eran los elegidos para que niños como yo vivieran la magia del futbol. Pasados los años, aún hoy, son muchas las veces que sueño con la elegancia del mejor portero de todos los tiempos: Zaki Badú.
Por Lorenzo.

 

En dificio tiene dos puertas, ambas numeradas, ambas vestidas llamativamente con colores vivos. A simple vista solo es una entrada doble en un mismo edificio cuya fachada esta formada de un ordinario ladrillo gris. Ellos entran varias veces en el día, pero nunca se les ve salir.
Por Katalina Camus, del blog Ambiente virtual.

 

En tu boca está la entrada al destino; un estrecho pasadizo que custodian tus labios rosas. En su interior mora el futuro; ese tiempo venidero, que raramente se adivina. A veces, cuando me aproximo lo suficiente, presiento; en su interior hay un infinito por descubrir. Un eterno paisaje, que ellos aún, no conocen. Otro bello confín… que está por llegar.
Por Por Juan Fernández Vicente, del blog , del blog Libros con Dos Alas por JFV.

 

Desde la entrada los observa. Ellos gritan, saltan; otros permanecen en sus sillas sin ver a nadie. Se ha vuelto experta, aunque, a veces, todavía la sorprenden. El gordito que suda profusamente, el payaso del salón; el que no sabe que es guapo y tiene a su séquito de niñas pendientes de él, el retraído o el cerebrito. ¿Cuál de ellos lleva la pistola? Seguro el que garrapatea con furia. Tres amenazas de muerte se recibieron. Respira y entra. Ser policía encubierta se ha vuelto peligroso.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Ellos hacen su acostumbrada entrada triunfal en el mismo momento en el que ellas escapan por la puerta de atrás. La indignación se pinta en sus caras al darse cuenta de que están solos. Las otras veces, los habían recibido sumisas, con falsas sonrisas enmarcadas por labios rojos y pies embutidos en zapatos de tacón. Los improperios gritados en varios idiomas rebotan contra las paredes del local desmantelado y vacío.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

A las seis, la oscuridad se hace presente en la habitación, se iluminan las bombillas y las sombras, vigilantes, aparecen en las paredes. Toc, toc… como cada noche, dos golpes en la puerta. La mujer va hasta la entrada, saluda al recién llegado y después de un caluroso saludo, el hombre va a la habitación mientras ella prepara el vino que ellos toman siempre juntos contándose que tal su día. El timbre del teléfono interrumpe de repente. No puede ser, la llamada debe ser errónea como ya ha pasado muchas otras veces. Temblorosa cuelga el teléfono y llama a su marido a través de la puerta que los separa.
—Antonio, ¿te falta mucho? No vas a creer lo que ha pasado. Me acaba de llamar la policía pidiéndome que vaya al depósito… —Abre la puerta, la habitación vacía—. ¿Antonio?
Por Eris Morgenstern, del blog Eris Morgenstern.

 

No sé cuántas veces abrí y cerré los cajones del escritorio, buscando las letras que coleccionaba con empeño y que ellos se encargaban de extraviarlas. Sin embargo, fue tal el anhelo por descubrir su estrategia, que de tanto rebuscar, descubrí un compartimento secreto donde fueron a parar las palabras del diccionario de la curiosidad.
Ahora ya disponía de la llave de la entrada a la biblioteca del conocimiento para ver más allá del simple envoltorio de las cosas.
Por Estrella Amaranto, de Blog Literario Amaranto.

 

Muy pocas veces nevaba en aquella tierra de sol y playa. Eran tan pocas que cuando nevaba todo el mundo iba a ver la nieve. Ellos no eran la excepción. Les encantaba la nieve, pero lo que más les gustaba eran las increíbles batallas de bolas de hielo. Porque en ese lugar la nieve se convertía en duro hielo. Tiraban bolas a diestro y siniestro convirtiendo el lugar en un sitio muy peligroso. Y si no querías acabar lleno de nieve, no tenías que cruzar la entrada de tu casa.
Por Do.lobera, del blog Do—Lobera.

 

Aunque ya había pasado por aquello muchas veces, no le resultaba fácil. Le dijeron que no se preocupara, que saldría genial, como si lo hubiera hecho toda su vida y… sonrieron, incluso alguno se atrevió a guiñarle un ojo. Ellos tenían razón pero… ésta iba a ser la primera vez desde entonces. Tomó aire, lo retuvo y lo expulsó con lentitud. Luego, llevó su silla de ruedas hasta la entrada de la pasarela. La enfocaron y…
Todo recomenzó.
Por MJ RU1Z, del blog EleeaBooks.

 

Un día más, la entrada del templo está cubierta de sangre, y son tantas veces ya que he perdido la cuenta. De noche, los guardias del sultán fuerzan las grandes puertas de bronce y recorren los pasillos dedicados al culto. Detienen a los que buscan cobijo entre estas paredes sagradas. Cortan, matan, descuartizan si es necesario. Yo lo entiendo. Es lo justo. Algo harían ellos para que esto ocurra. Los guardias nunca se equivocan.
Por Gabriel Romero de Ávila, del blog Gabriel Romero de Ávila.

 

Mi hijo regresa a casa. No se explica mi insistencia en regresar al bosque. Preferiría venir solo, pero los años ya no me permiten dar estos paseos. Disimulo junto a la entrada del gran árbol. He perdido la cuenta, no sé las veces que he traspasado la puerta donde Alicia me espera. Nada deseo más que rendirme en sus brazos. Ellos no lo entenderían, y la verdad es que se me partiría el corazón si no los volviera a ver. Pero cada vez me es más doloroso separarme de ella.
Por Ángel.

 

A veces, uno es el peor enemigo de sí mismo. Se había repetido, en innumerables ocasiones durante los últimos meses, que él era capaz de aprobar aquel maldito examen. Quienes tendría en frente, ellos, solo serían cinco personas encargadas de evaluarlo, nada que no hubiese enfrentado en otras etapas de su vida. Y ahora allí estaba, junto a la entrada del Tribunal Supremo. Había llegado su gran día. Respiró hondo y comenzó a subir las majestuosas escaleras.
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

La entrada estuvo deliciosa. Aunque la mayoría de las veces no me atrevo a imaginar cuáles son los ingredientes que usan los cocineros venusinos en sus platos, esta vez ellos fueron muy clásicos en su elección. Siento pena por el último humano que habitó libremente esta tierra, pero el sabor de su carne es un gusto de lo más tentador. Igual, no debería apenarme. En las granjas de humanos suelen tenerlos muy bien, con sus teléfonos móviles y todo.
Por Cyn Romero, del blog El frasco de historias.

 

Esperaba helado en la entrada del teatro. Era una noche tan fría que se hacía difícil caminar. Pero aquello era un rito para ellos. No podía contar las veces que habían disfrutado del espectáculo, lo único que parecía unirles ya.
Pero era extraño. Marisa no llegaba. Solía muy puntual.
Juan miró su móvil. Dos mensajes en el buzón. No era la voz de Marisa. Ya no la escucharía más. Había cogido el coche para llegar a tiempo. Resulta que conducir con nieve tampoco era sencillo.
Por Amanda Vilas, del blog Escondida entre nubes.

 

Dos policías de uniforme custodiaban la entrada a la sala de interrogatorios. El novato inspector llegó con paso firme, se detuvo y respiró hondo. Se saludaron y uno de ellos abrió la puerta. Esperó un segundo y entró con decisión. Al fondo, esposado a la mesa, esperaba el detenido. «No sé si ha hecho esto más veces, pero va a necesitar un foco más grande si quiere ver en la oscuridad que hay dentro de mí», le dijo al inspector cuando encendió la cámara que grabaría la confesión.
Por Ángel R. Barrios.

 

 

Entrada dedicada a mi gente bonita de la Comunidad Cincoliniera: Arekkusu, Nahnnuk, rakottaro, Daniel Rodríguez, Utopía – Ana Calatayud L., Ana Eva Suárez, Rocío Cejudo Soronellas, Nuria Lorente Aroca, nidriel y La Reina Lectora. Si tú también quieres formar parte de ello, es aquí.

 

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